sábado, 28 de diciembre de 2013



 

 

Ella vale nueve canoas


Dos marineros amigos, Jacques y Henri, trabajaban en un buque carguero por el mundo, y andaban todo el tiempo juntos. Cada vez que llegaban a un puerto, bajaban a tierra a ver y a conquistar chicas. Un día arribaron a una isla del pacífico, en la Polinesia Francesa, desembarcaron y fueron al pueblo a divertirse.
En el camino se cruzaron con una muchacha que estaba lavando ropa en un pequeño arroyo. Jacques se detiene a conversar con ella. Le hace preguntas sobre la isla, sobre las costumbres de la gente, se interesa en saber mas de ella como persona, lo que quiere hacer en la vida, lo que piensan sus padres de los forasteros y muchas curiosidades de ese tenor. La chica lo escucha con atencion y va respondiendo con firmeza e inteligencia, y hasta con cierta timidez, las inquietudes de Jacques. La charla dura un largo rato.

Henri se queda al margen de la conversacion, pero al notar que esa mujer no es nada del otro mundo le dice a su amigo que no pierda el tiempo, que debe haber mas chicas bellas en el pueblo. Sin embargo, el otro insiste en continuar el diagolo y asi se va casi toda esa tarde en esa entrevista. La mujer aceptando la charla de Jacques sin dejar de hacer sus tareas con la ropa, hasta que, finalmente, le dice al marinero que las tradiciones del lugar le impiden hablar mucho tiempo con un hombre, salvo que este manfieste la intencion de casarse con ella. Dado el caso, entonces debe hablar primero con su padre, quien es el jefe o patriarca del pueblo, Jacques acepta y le dice: -Esta bien. Llevame ante tu padre si es asi, ¡Quiero casarme contigo!


El amigo, cuando escucha esto no lo puede creer y le dice a Jacques: -¿Por qué te metes en problemas?
Hay un monton de mujeres mas lindas en el pueblo. ¿Para que tomar una desicion tan precipitada? -No es broma Henri. Me ha interesado mucho esta muchacha, es inteligente y fina; me quiero casar con ella. Espero ver a su padre para pedir su mano.
Y, sin escuchar a su amigo, Jacques siguio a la mujer al encuentro con el patriarca de la aldea. El marinero le expone ampliamente sus deseos, mientras el jefe de la tribu lo escucha con cuidado, enseguida le manifiesta que en esa aldea la costumbre era pagar un dote por la mujer elegida para casarse, le dice que tiene varias hijas, y que el valor de la dote varia segun las cualidades de cada una de ellas: Por las mas hermosas y jovenes se debia pagar nueve canoas, y como el tenia otras hijas no tan hermosas y jovenes, pero excelente cuidando a los niños y cocinando, esa valian siete canoas; y asi iba disminuyendo el valor de la dote de acuerdo con los atributos de cada una.
El marinero le explica que habia elegido a la chica que vio lavando ropa en un arroyo y el jefe le dice que esa hija, por no ser de las mas agraciadas, le valdria solo 3 canoas. -Esta bien- respondio Jacques – me quedo con la mujer que elegi y pago por ella 9 canoas.

El padre de la mujer, al escucharlo le dijo: -Usted no entiende, la mujer que eligio cuesta 3 canoas, mis otras hijas mas jovenes y bellas cuestan 9 canoas. -Muy bien- respondio nuevamente Jacques. Me quedo con la chica que elegi, pero pago por ella las nueve canoas.

Antes la insistencia del hombre, el padre, pensando que siempre aparece un chiflado acepto y de inmediato comenzaron los preparativos para la boda lo antes posible. Henri no lo podia creer y penso que Jacques habia enloquecido de repente, que se habia enfermado de algo, o que se habia contagiado de un raro delirio tropical. Pero finalmente, el hombre se caso con la mujer nativa, su amigo fue testigo de la boda y a la mañana siguiente Henri partio en el barco, dejando en es isla a su compañero de toda la vida.


El tiempo paso y Henri siempre se preguntaba por la suerte de su amigo en aquella isla lejana, hasta que un dia, años despues, el itinerario de un viaje lo llevo al mismo puerto donde se habia despedido de el. Ansioso por saber que le habia sucedido, salto al muelle y comenzo a caminar hacia el pueblo.
En el camino se cruzo con un grupo de gente que venia marchando por la playa, llevando en alto y sentado en una silla a una mujer bellisima y muy bien atraviada. Todos entonaban canciones, obsequiaban flores a la mujer y esta la retribuia con petalos y guirnaldas. Henri creyo que estaban en fiestas, paso de largo y prosiguio en busqueda de su amigo.
Cuando se encontro con Jacques se abrazaron como lo hacen dos buenos amigos que no se ven durante mucho tiempo. El marinero no paraba de preguntar: ¿Y como estas? ¿Te acostumbraste a vivir aqui? ¿Te gusta esta vida? ¿No quieres volver? Finalmente, se atrevio a preguntarle: -¿Y como esta tu esposa? Al escucharlo, su amigo Jacques le respondio: -Muy bien, esplendida. Es más creo que la vistes llevada en andas por un grupo de gentes en la playaque festejan su cumpleaños.
Henri, al recordar a la mujer poco agraciada que años atras habia encontrado, le pregunto si se habia separado y tenia una nueva esposa mas bella – No. Es la misma muchacha que encontramos lavando ropa años atras. -¡Pero como! La que vi en la playa es muchisimo mas hermosa, femenina y agradable, ¡Como puede ser! -Pregunto el marinero – Muy sencillo- Respondio Jacques: Me pidieron de dote 3 canoas por ella, y ella misma creia que valia solo 3 canoas. Pero yo pague por ella mas canoas, la trate y la considere siempre como una mujer de nueve canoas. La amé y la amo como a alguien de esa valia y ella se trasformo en una mujer de nueve canoas.

Marta Ines Bernal Trujillo
Jaime Lopera Gutierrez
La culpa es de la vaca
para mujeres
-Anecdotas, parabolas y reflexiones sobre el poder femenino-.

2 comentarios:

  1. La virtudes de una mujer valen mas que cualquier otra cosa una persona se valora x sus cualidades no x sus pertenencias y que hace de que tengan belleza externa si su corazon esta lleno de maldad

    ResponderEliminar
  2. Quién era el que le da valor a sus hijas en este texto ella vale 9 canoas

    ResponderEliminar